sábado, 6 de septiembre de 2008

Exigimos justicia para el pueblo yukpa! ¡Castigo al sicariato ganadero y a sus cómplices en el gobierno y las FAN!

Centro de Medios Independientes


La lucha del pueblo yukpa, uno de los pueblos originarios de Perijá, es un levantamiento en contra de una historia de despojo, saqueo, racismo, genocidio, y miseria. En esta historia están marcadas las manos ensangrentadas de los conquistadores de ayer y de hoy, los ladrones de cuello blanco, los ganaderos, las transnacionales petroleras y del carbón, las fuerzas armadas y los sicarios.

Despojados de sus tierras, los yukpas y los barí debieron abandonar las tierras llanas y refugiarse en las montañas para evitar el exterminio total a manos de los ladrones capitalistas.

Pese a que la Constitución de 1999 garantiza a los pueblos indígenas el derecho a sus territorios ancestrales, en la práctica este derecho no sólo no ha sido garantizado por el Estado, sino que el gobierno se ha embarcado en un proyecto de capitalismo desarrollista que contempla el aumento exponencial de la explotación carbonífera en territorios ancestrales de las comunidades wayúu, barí y yukpa, en Perijá. Pese a las declaraciones contradictorias del alto gobierno, algunas de las cuales aseguran que no se abrirán nuevas minas en la región, Corpozulia mantiene una política agresiva en pos de garantizar las condiciones necesarias para la apertura de nuevas minas a cielo abierto en territorios indígenas. Los territorios actualmente ocupados por las comunidades Yukpa, y en los cuales se desarrolla el conflicto con los ganaderos invasores, se encuentran dentro de las coordenadas en las que se ha proyectado desarrollar la explotación carbonífera.

El incumplimiento del mandato de demarcar las tierras indígenas y entregarlas a sus únicos y legítimos dueños, ha llevado a las comunidades yukpa a ejercer la acción directa y ocupar sus tierras. Al mismo tiempo, el silencio cómplice del gobierno ha sentado el marco para las acciones armadas de los sicarios y paramilitares a sueldo de los ganaderos, quienes han recurrido al viejo método del desalojo armado para preservar sus bastardos intereses económicos. Desde el año 2005 se ha agudizado el conflicto, pues las comunidades yukpa mantienen en pie la defensa de su territorio, y han logrado resistir todos los embates de los latifundistas. Los hacendados han intentado asesinar en numerosas ocasiones al cacique Sabino Romero, y han amenazado de muerte a activistas que han sido solidarios con la lucha por la tierra. En julio fue asesinado el padre de Sabino Romero a manos de estos sicarios.

Con la agudización del conflicto, la respuesta del gobierno fue apoyar a los terratenientes. La ministra Nicia Maldonado declaró que el problema era que había dos caciques yukpa que eran enemigos del proceso revolucionario, haciendo referencia a Sabino Romero, Olegario Romero, y las comunidades en lucha. No conforme con estas temerarias declaraciones, Nicia Maldonado ha intentado suplantar la legítima representación que estos caciques ejercen por personas afectas a su nefasto ministerio. En una reunión realizada con las comunidades yukpa el 16 de agosto, la ministra Maldonado les recomendó retornar a las montañas, donde podrían "promocionar el turismo", pues las tierras que ocupaban eran propiedad privada. Nicia Maldonado, en la práctica ni es ministra del poder popular, ni mucho menos de los pueblos indígenas, sino de los ladrones ganaderos, cuya propiedad privada defiende. En realidad no existen títulos de propiedad sobre estas tierras, que han sido ocupadas por los latifundistas a través de sucesivas invasiones y desplazamientos forzados.

A partir del mes de agosto de 2008, la ofensiva contra los indígenas se agudiza con el establecimiento en la zona de un cerco militar a cargo del General Izquierdo Torres, quien restringe de hecho las garantías constitucionales, obstaculizando el libre tránsito y el derecho a la información. Este militar, fiel las tradiciones racistas y fascistas, se dio a la tarea de impedir el paso a las comunidades yukpa y agredir a los periodistas de la Asociación Nacional de Medios Comunitarios Libre y Alternativos (Anmcla) y del Centro de Medios Independientes que cubrían el conflicto. La solidaridad militante del movimiento revolucionario fue decisiva para romper desde el punto de vista informativo este cerco. La convocatoria a una jornada cultural en la zona el 22 de agosto, y la posterior represión militar ejercida en contra de quienes se movilizaron, finalmente forzó una declaración del presidente Chávez, quien sentenció "al César lo que es del César y a los indígenas lo que es de los indígenas", aclarando que conocía de la historia de despojo al territorio yukpa. A esta declaración ha seguido la afirmación por parte de la Defensora del Pueblo, Gabriela Ramírez, de que la ley está del lado de los indígenas.

También se ha pronunciado el Ministro de Interior y Justicia, luego de trasladarse a la zona. Las declaraciones del ministro Rodríguez Chacín van en la misma línea de Izquierdo Torres, según la reseña de la Agencia Bolivariana de Noticias: "(Rodríguez Chacín) explicó que son dos los caciques -Olegario y Sabino- los que han tenido los problemas, que ellos lideran a 300 yukpas y que ellos son quienes están haciendo los movimientos hacia las tierras planas. "Se trata no de todos los 7 mil yukpas, sino de 200 ó 300, que están siendo atendidos como si fueran 2 mil o tres mil"." Estas declaraciones por parte del máximo responsable de la seguridad de Estado demuestran que el gobierno sigue sin asumir su responsabilidad frente al conflicto, y continúa dando muestras de sus terribles contradicciones. (http://www.aporrea. org/actualidad/ n119565.html)

Exigimos que las palabras del presidente Chávez se conviertan en hechos. Los militares que tendieron un cerco en torno a las comunidades Yukpa alegaron ante varios representantes de medios de comunicación que actuaban por órdenes del Ministerio del Interior y Justicia y del Ministerio de la Secretaría de la Presidencia. Si esto no es cierto, debe haber sanciones ejemplares para el general Izquierdo Torres y sus secuaces. Si es cierto, los ministros son los que deben ser destituidos, al igual que la ministra Nicia Maldonado. Los criminales deben ser los castigados, no las víctimas. Los comunicadores populares agredidos el 22 de agosto han sido sometidos a acusaciones judiciales y a un régimen de presentación, mientras que los ganaderos y sus sicarios son señores en las tierras que han robado.

¡Cárcel a los sicarios! ¡Fuera los latifundistas! ¡Autodemarcación de las tierras yukpa! ¡Justicia para los pueblos indígenas!

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viernes, 5 de septiembre de 2008

Todo mezclado

Juan Gelman


Es curioso lo que sucede con los vicepresidentes que eligieron los actuales candidatos a gobernar EE.UU.: el republicano John McCain, que anunció su decisión de combatir enérgicamente el calentamiento global, irá a las elecciones de noviembre próximo en compañía de Sarah Palin, gobernadora de Alaska, miembro de la Asociación Nacional del Rifle y una convencida de que el fenómeno no es producto de la actividad humana. En tanto, el demócrata Barack Obama, que se distingue por haber votado contra la invasión a Irak y no cesa de enrostrárselo a su oponente, será acompañado por Joseph Biden, senador durante cuatro períodos seguidos que apoyó sin reservas la invasión a Irak y ahora la critica y se arrepiente. Bien decía René de Chateaubriand: “En política, el resultado casi siempre contraría lo previsto”.

Es evidente la pelea de ambos por arrancarse votos. McCain cree que una compañera de fórmula le atraerá los sufragios de demócratas mujeres todavía enojadas porque Hillary Clinton no fue la elegida. Obama piensa que un conservador como Biden puede arrimarle votos de los llamados “halcones liberales”, practicantes de una extraña ideología que incluye las políticas de guerra. La elección del republicano sorprende menos que la del demócrata: Biden insistió en que Obama no estaba preparado para ejercer la presidencia hasta que éste le ofreció compartir la fórmula. Pero lo central pasa por otro lado: la guerra contra Irak.

Biden fue uno de sus defensores más acérrimos y así proporcionó una cobertura bipartidaria al peor desastre de la política exterior estadounidense en las últimas tres décadas. En su calidad de presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, en julio de 2002 –nueve meses antes de la invasión– convocó audiencias sobre la guerra ya preparada a las que no citó a especialistas y organismos que ponían en tela de juicio el pretexto: que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva. A finales del 2002, Biden defendió el derecho de W. Bush a invadir Irak y votó a favor de todas las partidas presupuestarias destinadas a financiar la ocupación que exigió la Casa Blanca. Hizo más: propuso la división del país invadido según alineamientos étnicos con gobiernos regionales y una autoridad central débil. Fue demasiado: la mayoría de los legisladores iraquíes impugnó la idea.

Steven Zunes, catedrático de la Universidad de San Francisco, se refiere a esta contradictoria situación: subraya que una de las cartas más fuertes de Obama frente a McCain es precisamente su casi solitaria posición contra la guerra. “Al elegir a Biden, sin embargo, quien fue tan partidario de la guerra como el candidato republicano –señala el politólogo–, Obama está diciendo ahora que eso realmente no importa y cohíbe así una de sus principales ventajas. La ‘experiencia’ de Biden es la de un militarista cuyo desprecio por el derecho internacional se puso de manifiesto tanto en sus duras posiciones sobre Irak como en otras cuestiones críticas de la política exterior” de EE.UU. (www.alternet.org, 23/8/08). ¿Entonces?

En el discurso que pronunciara al aceptar la candidatura a presidente por el Partido Demócrata –que la prensa internacional calificó de histórico–, Obama prometió el cambio de políticas en distintos campos, pero explicó la necesidad de retirarse de Irak para concentrar la acción en “el frente principal de la guerra antiterrorista”: Afganistán. Los tonos belicistas de Biden fueron similares. Esa es la “guerra justa”, según los halcones liberales, la de Irak, no. Así se encuentran los dos candidatos demócratas y cabe imaginar que Biden se convertirá en el Dick Cheney de Obama. Es notorio cómo el vice de W. Bush resolvió sin mayor trámite que los atentados del 11/9 eran obra de Saddam y manipuló la información para “probarlo”. Cheney es la eminencia gris de la llamada “guerra antiterrorista” y siempre hubo dudas acerca de quién era el verdadero número uno en la materia. Dicho de otra manera: gane quien gane, el partido de la guerra seguirá en la Casa Blanca.

La situación en Afganistán es cada vez más engorrosa para las fuerzas de la OTAN encabezadas por EE.UU.: no están vencidas, pero tampoco pueden ganar y de ahí el clamor de los “halcones-gallina” pidiendo más tropas estadounidenses cumplir de una vez los proyectos energéticos trazados hace más de veinte años. Y siguen los “daños colaterales” de civiles afganos causados por los bombardeos aliados: 90 muertos en Herat, de los que 60 eran niños, tres niños en la provincia de Paktika y dos de un año y dos años de edad en los arrabales de Kabul. No sorprende que, en lo que va del año, los talibán aumentaran en un 40 por ciento sus ataques en relación con el 2007. Si sale electo, al tándem Obama-Biden le espera otro pantano.

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jueves, 4 de septiembre de 2008

¿Anuncio de lo que viene o más de lo mismo?

Juana Carrasco Martín


John McCain —o McSame, más de lo mismo—, quería evitar las festividades en su Convención nominadora, ansioso de desmarcarse de la administración que propició la dolorosa debacle del Katrina, porque llegaba el huracán Gustav a las puertas de Nueva Orleáns; por eso las presentaciones en el podio de St. Paul no pudieron ser más aburridas y opacas.

Sin embargo, otro ciclón tomaba las calles de esa ciudad del estado de Minnesota, aunque la mayor parte de la gran prensa hiciera caso omiso de ese acontecer: las manifestaciones contra la guerra que fueron reprimidas por la policía.

Incluso desde días antes de comenzar el evento partidista republicano ya los gendarmes de la ciudad y el FBI habían practicado no pocas detenciones preventivas en un intento de desmovilizar a una ciudadanía nada conforme con lo que ha sucedido en los ocho años de George W. Bush y lo que pueda ocurrir si se produce el seguimiento.

Según denunciaba la periodista Marjorie Cohn, en un artículo para CommonDreams, desde hace meses el Buró Federal de Investigaciones lideraba la Fuerza de Tarea Conjunta Terrorista de Minneapolis y reclutaba activamente a gente que infiltrara desde grupos vegetarianos hasta organizaciones de la izquierda y reportara las actividades de estos. En mayo, el Minneapolis City Pages publicaba un trabajo sobre ello llamado «Se solicitan topos».

Las acciones contra la guerra en Iraq y otras debacles belicistas de Washington fueron el tema fundamental. Un orador tras otro en los mítines llamaba a terminar la guerra y gastar el presupuesto en las necesidades domésticas de los estadounidenses.

La policía, armada con bastones, rifles y pistolas, cargó con gases pimienta de tal manera que un comentario en un sitio alternativo decía que los gendarmes estaban «fuera de control». Por añadidura, en las redadas preventivas iniciadas desde el fin de semana, participó también el FBI. Son más de 300 los detenidos hasta este martes, entre ellos la abogada del National Lawyer Guild, Sara Coffey, cuando acudía a dar asesoramiento legal a los miembros de I.Witness Video que estaban en una vivienda rodeados por la policía. El grupo con base en Nueva York monitoreaba la conducta de la policía durante las protestas, y todos fueron detenidos, esposados y luego eventualmente liberados.

También la conocida periodista y directora de Democracy Now, Amy Goodman, fue ilegalmente arrestada cuando cumplía sus labores informativas, junto con los productores Sharif Abdel Kouddous y Nicole Salazar, a quienes se acusó de traspasar los límites determinados por la policía para «proteger» la Convención. Los tres fueron violentamente sacados del lugar; a Kouddous lo tiraron contra una pared y luego contra el suelo, lo arañaron, y a Nicole la golpearon en el pecho y la espalda a pesar de que les gritaba «¡Soy de la prensa, de la prensa!», mientras sangraba por la nariz.

La agencia AP cronicaba que el hispano Carlos Arredondo marchó el lunes por St. Paul arrastrando un ataúd cubierto con la bandera de Estados Unidos y el uniforme de su hijo Alexander, soldado de infantería muerto en Iraq. Así acompañó a los veteranos de guerra que fueron hacia el Xcel Energy Center, la sede de la convención.

Para ellos, y los miles que han estado protestando en esta ciudad, queda claro que McCain es continuidad de las dos figuras principales del belicismo de su país, George W. Bush y el vice Dick Cheney, a pesar de que ninguno de este dúo de la muerte estará presente en el Xcel Enero Center de St. Paul. El primero, oportunamente escabullido con el argumento de que debe atender la situación del paso del huracán Gustav —aunque este martes enviaba un mensaje por transmisión satelital a los participantes del cónclave para darle apoyo al binomio John McCain-Sarah Palin—, y el segundo porque parte a menesteres en el exterior: su visita a la República de Georgia...

Ni a ellos, ni a los candidatos republicanos a las elecciones de noviembre, ni a los delegados a la Convención les importa en lo más mínimo lo que tienen que decirles miles de estadounidenses o de emigrantes que llegaron a St. Paul, convocados por más de 150 organizaciones para participar en las protestas.

Bush dirá que McCain está listo para dirigir el país. La muestra dice mucho.

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miércoles, 3 de septiembre de 2008

A tres años del Katrina, llega Gustav

Juan Carrasco Martín


La costa de Louisiana amaneció el lunes 1ro. de septiembre con el huracán Gustav penetrando en Estados Unidos bien cerca de Nueva Orleans, apenas a tres años del Katrina —un monstruo Categoría 5 en la escala Saffir-Simpson que les llegó el 29 de agosto de 2005—, pero ahora en la ciudad permanecían pocas personas observando nerviosas y esperanzadas en que los diques, solo parcialmente reforzados, pararán las embravecidas aguas del Golfo de México, enfurecidas por los vientos de la tormenta Categoría 3, que asoló previamente el Caribe: República Dominicana, Haití y Jamaica —países donde dejó a su paso al menos 94 personas muertas— y Cuba, con incontables daños económicos también, pero sin que se perdiera ni una sola vida.

Mientras tanto, en St. Paul, Minnesotta, bien lejos de los tormentosos embates de la naturaleza, la Convención Republicana de John McCain amainaba la celebración de quien aspira a ser presidente del imperio, temeroso de que las aguas trajeran los lodos del Katrina, el dolor y la muerte provocada hace tres años por la negligencia de la administración de George W. Bush. El republicano no quiere de ninguna manera que lo asocien con sus socios de partido, aunque irremediablemente, en un rejuego de palabras y aludiendo a la pronunciación, le llamen ya McSame (en inglés se pronuncia aproximadamente Macseim, y el apellido del candidato republicano: Mackein), lo que pudiéramos traducir como «más de lo mismo» del bushismo, porque muchos de sus conciudadanos lo ven así.

Sin embargo, algo aprendió la población de Nueva Orleans y ahora, cerca de dos millones de personas abandonaron el sur de Louisiana, y decenas de miles las costas de Mississippi, Alabama y Texas, previendo no quedar indefensos frente a Gustav, de menor fuerza que el terrible Katrina. En el Lower Ninth Ward, el de mayor sufrimiento entonces, solo el 11 por ciento de las familias que originalmente vivían allí antes del Katrina regresaron, pero las filas se formaron desde temprano el fin de semana en espera de los ómnibus que los llevarían nuevamente lejos de la ciudad. «No quiero ver otro Katrina, con los cadáveres flotando en las aguas», dijo Walter Parker, un guardia de seguridad que entonces quedó atrapado durante ocho días en su apartamento.«Yo vi ancianos flotando. Vi un cuerpo que venía hacia mí, un niño, flotando, y me hizo sentir enfermo», le comentaba a la prensa.

También aprendió algo el W., así que decidió no presentarse en la plataforma partidista este lunes y en alarde de «responsabilidad ejecutiva» voló a Texas para desde allí ver la situación. Hasta el secretario de Seguridad de la Patria, Michael Chertoff, le dijo a la CBS qué haría en este caso: «Planificación, preparación y movernos tempranamente».

A decir verdad, todavía los rastros de la irresponsabilidad con las vidas humanas pueden palparse. La agencia AFP aseguraba que unos 70 niños internados en el Hospital de Nueva Orleans permanecían en el lugar, 18 de ellos en estado grave, nueve operados recientemente, y comentaba: «cuesta imaginarse que puedan salir indemnes en medio de poderosos vientos y torrenciales lluvias para buscar refugio en otra parte». Las autoridades hospitalarias confían en que, a diferencia de hace tres años, ahora tienen generadores eléctricos y con autonomía suficiente para operar con ellos hasta 28 días. Este es uno de los lugares más seguros de la ciudad, dijo la jefa de enfermeras a la AFP.

La dolorosa memoria del Katrina está presente por su carga de muerte: 1 600 víctimas. El alcalde Nagin se siente seguro respecto a las posibilidades de enfrentamiento al fenómeno atmosférico: «Hombre, si nosotros tenemos recursos, podemos mover montañas». En las prevenciones ha estado la construcción de un dique de emergencia en la parroquia Plaquemines, al sur de Nueva Orleans, previendo la crecida del río Mississippi. Sin embargo, en la zona industrial, las imágenes televisivas mostraban las aguas del Golfo a punto de verter sobre las tierras bajas de la ciudad, aunque las olas eran de 10 a 15 pies de altura, cuando en el Katrina llegaron a 25 pies, rompiendo los diques que de antemano se sabían deteriorados. Apenas al entrar en tierra Gustav perdió fuerza y se convirtió, por suerte, en un Categoría uno.

Mientras lo peor de la naturaleza pasaba, en Nueva Orleans quedaban los problemas de la pobreza negra urbana, escondida a la vista de los turistas que solo visitan el barrio French Quarter, o simplemente engrosando la población desprotegida de otras ciudades adonde fueron a parar luego del Katrina. Muchos no podrán regresar nunca más porque lo que quedó de sus viviendas fue demolido, los precios de las casas subieron, aumentó el número de los sin casa, los trailers de la Agencia Federal de Administración de Emergencia (FEMA) recientemente fueron declarados violaciones de los derechos humanos por la ONU, decía el diario británico The Guardian, y a esta realidad se le llama, con razón, «limpieza étnica». Un reportaje de ese periódico recordaba las crueles palabras que dijera entonces el congresista republicano Richard Baker: «Finalmente limpiamos las casas públicas de Nueva Orleans. No lo pudimos hacer nosotros. Pero lo hizo Dios». La reconstrucción posterior ha «blanqueado» a la ciudad en su proyecto de «revitalización».

He aquí algunos datos que el sitio digital alternativo CommonDreams mostraba hace apenas una semana:

Número de apartamentos en construcción para reemplazar los 963 apartamentos de casas públicas demolidas en el Desarrollo Urbano St. Bernard: 0, y para reemplazar los 896 derribados en Lafitte: 10. Solo 82 casas fueron reparadas y estaban ocupadas en agosto de 2008 de un plan de 10 000. En total 10 000 casas fueron demolidas. Con razón el 32 por ciento de los vecindarios de la urbe tienen hoy menos de la mitad de los dueños de vivienda que antes del Katrina; el 81 por ciento de los dueños de casas no han recibido fondos para cubrir el costo completo de la reparación de sus casas y, sin embargo, los alquileres se incrementaron en el 46 por ciento. De forma que en Nueva Orleans viven bajo los puentes 12 000 personas, el doble previo al Katrina, en una urbe donde existen 71 657 casas desocupadas o en ruinas.

Y la lista sigue en estos términos y en aspectos tan sensibles como la educación, la salud, el empleo en una ciudad que perdió por el desplazamiento al menos 132 000 de sus vecinos originales.

Así están las cosas cuando el huracán Gustav sacude la costa, lanzando oleadas hacia los diques de esta ciudad bajo el nivel del mar. Por ahora, resisten las paredes que tienen menos altura que el muro que han construido en su frontera con México para impedir el paso de los emigrantes indocumentados. Por cierto, no se sabe exactamente el número de ellos que fueron a Nueva Orleans para trabajar en su reconstrucción como mano de obra barata, y ahora se quedaron en la ciudad por temor a ser deportados.

Las tragedias tienen muchos nombres y aristas...

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Una fórmula ganadora

Jorge Gómez Barata


En las formaciones sociales precapitalistas ─ esclavitud y feudalismo ─ las estructuras estatales y la institucionalidad eran elementales y el poder se ejercía más o menos directamente y, aunque entonces pudo haber individuos generosos, por lo general se gobernaba de modo despótico y brutal. Los faraones y los emperadores, los caudillos militares, como tampoco los monarcas eran electos, razón por la cual no necesitaban ser simpáticos y la idea de gobernar sobre la base de consensos les era desconocida.

La llegada de la burguesía europea al poder y el predominio de la ideología liberal clásica (no debe ser confundida con el liberalismo oligárquico) impusieron la democracia, una forma de gobierno que requiere de la participación popular y del consenso, promueve la igualdad jurídica y el sufragio universal, que fue la primera expresión institucional del socialismo.

El advenimiento de la democracia favoreció el surgimiento de categorías políticas como el nacionalismo y el patriotismo, el comportamiento de gobernantes y gobernados conforme a Derecho y las ansias de libertad que, en medio de grandes luchas y tensiones, guerras que parecían interminables e inenarrables sufrimientos humanos, se abrieron paso, prosperando más en Europa, donde sobrevivieron al capitalismo salvaje.

En el siglo XIX, la explotación de la clase obrera por el capitalismo generó el mayor rechazo a un régimen social que se haya conocido nunca y que explican fenómenos como el surgimiento de los sindicatos, los partidos obreros y socialdemócratas, la aparición y rápida difusión del marxismo, la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores, la Comuna de París, la Revolución Bolchevique y otros acontecimiento a través de los cuales se abrió paso la idea de, por vía de la lucha política de masas, encontrar una alternativa a la explotación capitalista, incluyendo la supresión del propio capitalismo.

El despiadado comportamiento de la burguesía europea que en el siglo XIX impuso jornadas de trabajo extenuantes en condiciones infrahumanas, introdujo el trabajo infantil y femenino fabril, forzó la urbanización acelerada, proletarizó a parte del campesinado y convirtió la existencia de los obreros asalariados en un calvario, opacó lo que en materia de libertades civiles y políticas se había alcanzado y generó el repudio al régimen, definido entonces como una dictadura de la clase burguesa.

Bajo aquellas tensiones que generaron un profundo odio de clase, los fundadores del marxismo concibieron la idea del establecimiento de un orden social edificado sobre otras bases, con carácter socialista y con una organización política concebida como una “dictadura del proletariado”, formulación que Lenin acogió e incorporó al proceso de la Revolución Bolchevique que nunca se realizó en la práctica ni fue universalmente aceptada por los socialistas, muchos menos después de que, al amparo de ese concepto, Stalin estableciera un régimen burocrático y represivo que luego fue trasplantado a los países de Europa Oriental.

Todo hubiera sido diferente, si en lugar de tratar de implantar una “dictadura”, se hubiera promovido la edificación de una democracia socialista. Cosa perfectamente posible porque, en su esencia, desprovista de manipulaciones, en tanto que: “Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, la democracia es más compatible con el socialismo que con el capitalismo salvaje o neoliberal.

Lamentablemente, tanto el liberalismo como el marxismo, son filosofías, doctrinas humanistas, corrientes de pensamiento y no sistemas políticos. El capitalismo, como tampoco el stalinismo fueron consecuentes con los ideales democráticos.

Realmente el “socialismo democrático” fue una reivindicación de los marxistas, más exactamente de los comunistas que, comenzando por Rosa Luxemburgo y León Trotski trataron de incorporarlo al proceso revolucionario bolchevique y que con matices, en los años cincuenta, fue retomado en Polonia, Hungría y Checoslovaquia, donde fue rechazado por la Unión Soviética.

Para muchos luchadores, siempre fue evidente que, a pesar de sus imperfecciones, el socialismo pudo y debió ser más democrático que el capitalismo. La democracia como la gerencia es un modo de administrar, una manera moderna, eficiente, inclusiva y colegiada de ejercer la dirección política de la sociedad. Asumir que la democracia es burguesa y debe ser rechazada ha sido un costoso error.

En cualquier caso, por su cuenta y sin necesidad de excesos doctrinarios, en varios países latinoamericanos, fuerzas de izquierda han emprendido un innovador proceso. El descubrimiento consiste en asumir el socialismo como un camino, no un destino.

Hacer progresar a nuestros países, establecer estándares de justicia social, suprimir la pobreza y el hambre, perfeccionar el sistema político para hacerlo más democrático y participativo y ampliar cuanto sea posible el ejercicio de todas las libertades y todos los derechos, es avanzar hacía el socialismo. Incluir en un mismo proceso: democracia, socialismo y liderazgos auténticos y competentes parece ser una formula ganadora.

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martes, 2 de septiembre de 2008

El huracán

Reflexiones del compañero Fidel
El huracán


En la última reflexión, firmada el pasado martes 26 de agosto en horas de la tarde, cuando el huracán Gustav surgió inesperadamente, coincidiendo con la llegada de nuestra delegación olímpica, y amenazaba a nuestro territorio, escribí: “¡Suerte que tenemos una Revolución! Está garantizado que nadie permanecerá en el olvido… Una fuerte, enérgica y previsora Defensa Civil protege a nuestra población… La frecuencia e intensidad crecientes de estos fenómenos naturales demuestra que el clima cambia por culpa del hombre. Los tiempos exigen cada vez más consagración, más firmeza y más conciencia. No importa que los oportunistas y vendepatrias también se beneficien sin aportar nada a la seguridad y el bienestar de nuestro pueblo.”

Conozco los descomunales esfuerzos que la Revolución debe realizar cuando pasan por el territorio nacional los huracanes. Puedo añadir que Cuba cuenta con científicos agudos e insistentes como José Rubiera.

Cientos de millones de horas de trabajo se pierden en breve tiempo, cuando ráfagas de viento baten directamente centros económicos y sociales de extensas áreas del territorio nacional. Interminables lluvias acompañan a estos fenómenos naturales. Los ríos se desbordan, barren cuanto encuentran a su paso e inundan considerables zonas. Miles de instalaciones productoras de hortalizas, leche, huevos, carne de ave y de cerdo, sistemas sofisticados de riego, son seriamente dañados; decenas de miles de hectáreas de caña, granos proteicos, cereales y frutales próximos a cosecharse son derribados; escuelas, policlínicos, lugares de recreación y cultura, viviendas, techos, fábricas, almacenes, carreteras y puentes son golpeados por los vientos y las aguas. En esta ocasión, los vientos y las lluvias afectaron en mayor o menor grado a todas las provincias, al transitar el huracán por los mares próximos al sur del país y atravesarlo por la provincia más occidental con un radio de 30 kilómetros en el ojo y más de 450 en el diámetro de los vientos fuertes.

Nada es tan desolador como la destrucción y el daño que se observa después de un huracán. Cientos de miles de compatriotas se movilizan y trabajan intensamente en la fase ciclónica y de recuperación. Las reservas se reducen o agotan. Hoy más que nunca el golpe a los suministros de alimentos es costoso y sensible. Pero este es nuestro país, la parte que nos correspondió de nuestro planeta, y hay que desarrollarlo y defenderlo.

La tarea que tenemos por delante exige tiempo y experiencia. No se construye en un minuto la verdadera Cuba y su noble pueblo, que ha sido capaz de compartir con otros sus conocimientos e incluso parte de sus recursos y de su sangre. Por eso ha sido adversario imbatible frente al poderoso imperio, que ha ensayado contra nuestra patria todas sus armas.

Pero al mundo apenas se le habla de sus méritos y su extraordinaria lucha.

Hace dos días, el viernes 29, de once cables de prensa internacionales referidos a Cuba, ninguno hablaba del huracán que avanzaba sobre nuestra isla y del febril esfuerzo de nuestra Defensa Civil, con el apoyo generoso de millones de familias cubanas bajo la dirección de una aguerrida vanguardia política.

Uno de los cables, suscrito por la DPA, agencia alemana de noticias, comunicaba:

“Popular actor cubano llega a Miami: ‘Me fui porque me cansé.’”

De inmediato añade: “El popular actor de telenovelas Yamil Jaled llegó a Miami procedente de Cuba, para reunirse con su esposa cubanoamericana, informó hoy un diario local.

“Jaled trabajó en conocidas series dramatizadas en televisión, teatro y cine, en este último en superproducciones cinematográficas en Francia e Italia.”

“Graduado de actuación en el Instituto Superior de Arte (ISA) en 1997, Jaled comenzó su actuación profesional en el Teatro Rita Montaner, pero un año después se incorporó a la televisión.”

Después el cable dice que tiene 31 años, habla con amplitud de cualidades artísticas y de su paso triunfal por la televisión. Se hace eco así de un órgano de prensa yanqui destinado a la guerra mediática y las campañas contra Cuba. ¡Qué patriota, qué demócrata qué brillante ejemplo el que nos presentan como prototipo!, podríamos añadir los cubanos. De este modo se divulga al mundo un tipo mucho menos conocido e importante que el huracán Gustav.

Quieren hacer de él una vaca sagrada. Las convicciones más profundas, a prueba del tiempo y los vaivenes de la vida, no se alcanzan en un día. Hay que vencer antes muchas tendencias que llevamos dentro.

No odio a otros seres humanos, pero odio la vanidad, la egolatría, el egoísmo, la pedantería, la autosuficiencia, la ausencia de ética y otras inclinaciones con las que los seres humanos venimos al mundo, y sólo la educación y el ejemplo de los más sobresalientes en su batalla por ser mejores, triunfa e influye sobre nosotros. Hace falta un mínimo de filosofía sobre la necesidad de la modestia.

Hay vacas sagradas que pretenden equiparar a nuestros Cinco Héroes, brutalmente separados de su patria y de sus familiares más cercanos e íntimos, con los mercenarios justamente sancionados por traidores y nunca sometidos a ultrajes personales e inhumanos.

Lo que expongo en esta reflexión reafirma la convicción que deseo transmitir a mis compatriotas, de que sólo sobreviven las ideas justas defendidas con valor, dignidad y firmeza.

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El bumerán

Luis Luque Álvarez


«Una decisión irresponsable», «muy lamentable», que debe ser «revocada de inmediato», es el racimo de expresiones con las que se apunta hacia Rusia desde Estados Unidos y la Unión Europea. No les ha caído en gracia que el Kremlin reconociera la independencia de las repúblicas de Abjasia y Osetia del Sur, que llevan más de una década manejándose soberanamente, mientras que Georgia ha mantenido sobre ellas únicamente una jurisdicción nominal...

Como ciertamente no abundan los ángeles en las relaciones internacionales, sería torpe, sin hacer un análisis de profundidad, dar o quitar la razón a este o a aquel, si bien está demasiado claro que fue Georgia la que invadió a Osetia del Sur el pasado 8 de agosto, y se ganó en suelo propio una presencia militar de su poderoso vecino.

La agresión a territorio sudoseta, que habla a gritos de la escasa visión política de las autoridades georgianas, apuradas por «liquidar» ese «problemita» y, de paso, acelerar la entrada del país a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), alejó años luz al gobierno de Tiflis del objeto de su deseo: volver a extender su soberanía sobre Abjasia y Osetia del Sur. Por el contrario, difícilmente pueda ya creerse que habrá en el futuro un espacio de negociación sobre ambas regiones. El comején georgiano devoró él solito las patas de la mesa...

Ahora bien, los vaivenes de la historia, que llevaron a que el gobernante soviético Iósif Stalin colocara a ambos territorios —con régimen autonómico— bajo autoridad de Georgia, entre los años 20 y 30 del pasado siglo, pueden oscurecer un hecho evidente: Rusia ha pagado con la misma moneda con que se le ha estado pagando desde la década de los 90. Y ahora se le acusa de quebrantar la ley internacional, de ignorar la integridad territorial de Georgia.

Podríamos remitirnos a un texto crucial: el Acta Final de Helsinki, de 1975. En ese documento se expresa que «todos los Estados participantes (todos los europeos, con excepción de Albania) consideran que sus fronteras podrán ser modificadas, de conformidad con el Derecho Internacional, por medios pacíficos y por acuerdo». Y añade que se respetará «la integridad territorial de cada uno de los Estados participantes».

Saboreada la letra, se entiende que, una vez alcanzado el consenso a lo interno de un país, sí se pueden modificar sus fronteras. Así ocurrió, por ejemplo, en Checoslovaquia, donde las autoridades checas y eslovacas convinieron en dividir el territorio en dos países diferentes. Y solo después llegaron los reconocimientos internacionales.

En el caso de Georgia, sabemos que no hay ningún acuerdo entre Tiflis y las dos repúblicas autónomas. Estas, sencillamente, quisieron separarse, y lo hicieron, y Rusia las reconoció.

Sucede que lo que no dicta el papel, lo dicta la práctica. El ejemplo de Kosovo ha sido el más reciente: Moscú advirtió que admitir el desgarramiento de Serbia, en violación incluso de la resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU , sería un precedente fatal para otros casos. Pero en la Unión Europea le llovieron los reconocimientos al nuevo «país», si bien España, Grecia, Chipre y otros se opusieron. No hay que explayarse mucho en decir que EE.UU. fue de los que más empujó, cuando su presidente dijo que el problema kosovar ya se prolongaba «demasiado tiempo» (aunque mucho menos que la cuestión palestina, y nadie en Washington se ha irritado).

¿No constituyó esto una violación del Acta de Helsinki? Que se sepa, no hubo jamás un acuerdo entre albanokosovares y serbios, sino que los primeros impusieron a los segundos la partición del territorio. Ni se tuvo en cuenta tampoco la integridad territorial de Serbia, que perdió una región considerada como la cuna de su cultura e identidad nacional.

Fue el mismo modo de proceder empleado a principios de los 90. Croacia y Eslovenia quisieron independizarse, sin que mediara un diálogo y un consenso con el resto de la Federación Yugoslava , y fueron reconocidos inmediatamente por la Comunidad Europea. Bosnia-Herzegovina entró en el mismo saco. Y así, sin muchos contratiempos, los preceptos de Helsinki fueron echados al cajón de los trastos. De aquel país modelo de convivencia, no quedó ni la sombra.

Ahora, quienes lanzaron el bumerán de la irresponsabilidad, se asombran de que a su retorno los golpee en la cabeza. (¡Toc!) «¡Ay!». Pero, ¿no fueron ellos quienes lo echaron a volar?

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lunes, 1 de septiembre de 2008

El ping y el pong

Juan Gelman


Se asemeja a un partido de ping-pong, sólo que el desenlace podría ser catastrófico. El 1-2 de julio se reúnen en la ciudad georgiana de Batumi los jefes de Estado de Georgia, Ucrania, Moldavia y Azerbaiján, integrantes de la Organización para la Democracia y el Desarrollo Económico (GUAM), que poco tiene que ver con su nombre: es un acuerdo militar, apéndice de la OTAN, cuyo objetivo es “proteger” los corredores regionales de transporte de energéticos que controlan los gigantes petroleros anglo-estadounidenses en zonas limítrofes con Rusia. Del 5 al 12 de julio Moscú realiza maniobras militares en el norte del Cáucaso. El 9 de julio China y Kazajstán anuncian la construcción de un gasoducto que los unirá. Del 15 al 31 de julio EE.UU. y Georgia realizan maniobras militares conjuntas en zonas muy cercanas a Osetia del Sur. El 7 de agosto, efectivos georgianos la invaden. El 8 de agosto, tropas rusas intervienen en Osetia del Sur y Georgia. El 14 de agosto, Varsovia y Washington firman el acuerdo que permitirá estacionar misiles interceptores en territorio polaco. El 26 de agosto Moscú reconoce oficialmente la independencia de Osetia del Sur y de Abjasia, territorios que Tiflis reclama para sí. El 27-28 de agosto comienzan los movimientos de buques de guerra rusos y estadounidenses en el Mar Negro. ¿Qué sigue? ¿La nueva guerra fría anunciada por Sarkozy? ¿Y después, la caliente?

Rusia ya no es la potencia caótica y debilitada que gobernó el alcohólico Boris Yeltsin, período que EE.UU. aprovechó para imponer su influencia en algunas ex repúblicas soviéticas: en los ocho años de Putin, se convirtió en el primer productor de gas natural y petróleo del mundo. Ha vuelto a pisar fuerte. Poca atención se prestó a unas líneas de la declaración del presidente ruso, Dimitri Medvedev, al reconocer la independencia de Abjasia y Osetia del Sur: subrayó que el sistema de misiles que se instalará cerca de su frontera con Polonia “creará tensiones adicionales. Deberemos reaccionar de alguna forma, reaccionar, naturalmente, por medios militares” (AP, 26-8-08). Grave. El problema de fondo –repetitivo– es el control de los energéticos de Asia Central.

EE.UU. no logró adueñarse por completo del petróleo de la cuenca del Mar Caspio, una meta que empezó a delinear en la posguerra fría: la ley HR 3196 del año 1999 propuso la aplicación de la llamada Estrategia de la ruta de la seda, un corredor de transporte de energía que vinculara a Europa Occidental con Asia Central y el Lejano Oriente. Aunque la GUAM militariza el trayecto del oleoducto Bakú (Georgia)-Ceyhan (Turquía), que elude territorios rusos y afines, Wa-shington no ha podido contrarrestar el transporte de petróleo siberiano y kazajo a los mercados del norte y centro de Europa, una moneda política que el Kremlin cuenta a su favor. Ucrania, Azerbaiján y Georgia se han convertido de hecho en protectorados estadounidenses, pero Kirguisistán, Kazajstán, Tadjikistán, Armenia y Bielorrusia se alinean con Moscú.

La militarización occidental de la región tiene su contraparte: la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), una alianza militar de Rusia-China-Kazajstán, Uzbekistán y otros países de Asia Central –Irán tiene estatuto de observador– y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), a la que pertenecen Rusia, Armenia, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguisistán, Tadjikistán y Uzbekistán, que cumple un papel geopolítico clave respecto de los corredores de transporte de energéticos. Ambas organizaciones trabajan de consumo, realizan maniobras militares conjuntas y colaboran con Irán. Aunque son institucional y organizativamente distintas, estas dos alianzas militares conforman un solo bloque que enfrenta al expansionismo de EE.UU. y la OTAN en la región. Esta es la cuestión central que palpita en las entrañas del conflicto en curso. Su claro antecedente: Kosovo.

Era una provincia de Serbia hasta que, después de 78 días de bombardeos de la OTAN, Milosevic decidió que Kosovo pasara a la égida de la ONU en 1999. Serbia prometió su autonomía, pero no la independencia. Los nacionalistas albaneses comenzaron entonces a realizar verdaderos pogromos de kosovares serbios y a incendiar las iglesias y monasterios ortodoxos, causando el éxodo de decenas de miles de familias. Limpieza étnica, pues. Y el 17 de febrero de este año, el gobierno provisional de Kosovo declaró la independencia, acto que fue calurosamente aplaudido por W. Bush y sus aliados europeos. Moscú advirtió entonces que el hecho podía alentar ambiciones secesionistas de otros 200 territorios en todo el mundo. No le hicieron caso. EE.UU. y los países de la OTAN condenan hoy la independencia de Abjazia y Osetia del Sur. Haced lo que yo digo, pero...

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