jueves, 14 de agosto de 2008

¿Y si Georgia perteneciera a la OTAN?

Luis Luque Álvarez


Uno de los dichos más en boca de las personas, reza que «a veces lo que sucede, conviene». Y aunque no se trata de una verdad absoluta, al menos en el conflicto suscitado entre Georgia y Rusia tras la agresión georgiana a Osetia del Sur, hay que reconocer que, en efecto, el desastre pudo haber sido peor de lo que ha sido si los países integrantes de la OTAN hubieran tomado, meses atrás, la decisión equivocada.

A principios de abril, en la cumbre del pacto militarista en Bucarest, EE.UU. empujó para que Georgia y Ucrania recibieran su plan de adhesión como miembros plenos de la Alianza. Pero varios países (entre ellos Francia y Alemania) prefirieron no provocar la ira de Rusia, vital proveedor de petróleo y gas a Europa, y decidieron abstenerse de seguir poniendo las fronteras de la OTAN en las puertas de Moscú, algo que en los años 90 prometieron que nunca harían, y que sin embargo, fue papel mojado, al quedar incluidas Polonia (en 1999), Estonia, Lituania y Letonia (en 2004).

Ahora bien, si, como desean algunos países ex socialistas, Georgia fuera ya parte de la OTAN, ¿qué tendríamos hoy sobre la mesa? Presumiblemente, una guerra de mayores proporciones, una riña tumultuaria en la que, en lugar de armas blancas, chocarían los ultrapoderosos armamentos de las naciones más ricas del planeta, que se encargarían de proveer toneladas de cadáveres, mezcladas con escombros, a las imágenes de TV.

¿Por qué este apocalipsis potencial? Porque, según el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, de 1949, «las partes acuerdan que un ataque armado contra una o más de ellas, que tenga lugar en Europa o en América del Norte, será considerado como un ataque dirigido contra todas ellas», y en consecuencia ¡todas deben acudir en ayuda del que se considera agredido! Fue lo que ocurrió tras el 11 de septiembre: EE.UU. quiso desquitarse del ataque terrorista invadiendo Afganistán, y sus aliados se vieron envueltos en una agresión contra un país en el que casi no había contra qué disparar misiles de medio millón de dólares. Y lo hicieron.

Pero Moscú no es Kabul... ¿Qué habría pasado si una Georgia admitida en la OTAN hubiera ejecutado la irresponsable invasión a Osetia del Sur, y Rusia hubiera intervenido para frenarla? ¿Acaso un fatal «uno para todos, y todos contra uno», en el que, una vez más, el continente europeo sería el teatro de una guerra fratricida?

Afortunadamente, no ha sido ese el escenario, pero duele que la aventura del presidente georgiano, Mijaíl Saakashvili, haya provocado la muerte de 2 000 personas (civiles sudosetios principalmente) y el desplazamiento de otras decenas de miles hacia Osetia del Norte. Arreglado está Washington si su mejor aliado antirruso en el Cáucaso es un gobierno que ataca, causa una catástrofe humanitaria y, después, se ve obligado a replegar sus tropas y a buscar apurado un cese el fuego.

Por cierto, tal modo de proceder hará pensar mucho más a los europeos a la hora de reconsiderar la adhesión de Tiflis a la OTAN, y se ahondará la división entre quienes la apoyan y los que la rechazan. Cuando esto escribo, se efectúa un acto en una céntrica plaza de la capital georgiana. Ondean decenas de banderas georgianas y norteamericanas —¿cuáles si no?—, mientras los presidentes de Polonia, Ucrania, Estonia, Lituania y Estonia se dirigen a la multitud.

Llama la atención que se trata únicamente de ex integrantes del eje socialista europeo, que hoy orbitan en torno a Estados Unidos. No asisten los mandatarios ni de Francia, ni de Alemania, ni de Austria, ni otros más. Quizá porque no comparten el modo torpe y belicoso en que Georgia pretendió arreglar la cuestión de Osetia del Sur. Y claro, porque con lo caros que están los recursos energéticos, ¿para qué andar buscando tres patas al gato (o al oso...)?

Valga recordar, además, que ninguno de ellos voló hacia Belgrado a mostrar simpatías cuando EE.UU. decidió que Kosovo ya no pertenecía a Serbia. En febrero pasado, esa provincia le fue arrancada de cuajo al Estado serbio, bajo el pretexto de que el 85 por ciento de los kosovares son de origen albanés, y solo un cinco por ciento serbio. ¿A qué viene entonces la alarma por las regiones de Osetia del Sur y Abjasia, en la que solo una minoría es georgiana, frente a una inmensa mayoría de osetas y abjasios que desde la pasada década mantienen sus territorios fuera de la autoridad efectiva de Georgia?

La interrogante, por supuesto, es retórica: su respuesta está en los dobles raseros por los que se miden las relaciones internacionales. Ya al terminar, veo en TV al presidente francés, Nicolás Sarkozy. Su país ostenta la presidencia rotatoria de la UE, y él está en Tiflis, de vuelta de Moscú, intentando recomponer el jarrón roto con un plan de seis puntos que ha presentado a las partes.

Ya tendremos más noticias...

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miércoles, 13 de agosto de 2008

América Latina: los cambios estructurales

Jorge Gómez Barata


Comparadas con la Revolución Norteamericana en 1776, la Toma de la Bastilla en la Francia de 1789, la Revolución Mexicana de 1910, la Bolchevique de 1917, la República de los Consejos de Béla Kun o la defensa de la República española en los años treinta, las revoluciones y los movimientos reformistas latinoamericanos de hoy son como de terciopelo.

No se ven muchedumbres inflamadas de patriotismo o espíritu clasista clamando venganza y nadie quisiera prenderle fuego al cielo o tomarlo por asalto. Ello se debe a que aunque a cuenta de inmensos sacrificios, incluso en América Latina, el progreso ha hecho lo suyo, limitando las tareas de las vanguardias a corregir lo que la historia torció.

La oligarquía y la burguesía latinoamericanas no han descubierto lo que sus homólogos europeos saben desde hace 60 años: la mejor oportunidad no radica en confrontar los cambios sino en sumarse a ellos y no es inteligente combatir contra un adversario con el cual se puede negociar. En Europa occidental, escenario de intensas confrontaciones durante siglos, la lucha de clases recuerda una metáfora y el único líder que allí es capaz de reunir a miles de personas es el Papa... para orar.

El primitivismo de su mentalidad que hace terca, reaccionaria y violenta a las clases dominantes latinoamericanas y las lleva a defender, no su status dirigente sino mezquinos intereses, les impide sumarse a las reformas que a la larga también las benefician y que pudieran ser viables porque, más que de exterminar a las clases privilegiadas, de lo que se trata es de cambiar las estructuras y aplicar ciertos estándares propios de la civilización occidental.

Las estructuras sociales, económicas, políticas, culturales, religiosas e ideologías, así como las instituciones correspondientes se desarrollaron paulatinamente convirtiéndose en instrumentos de dominación. Las clases sociales, la propiedad privada, las religiones, las iglesias y las ideologías políticas, no fueron inventadas por los explotadores, sino que surgieron como parte del devenir histórico y evolucionaron a tenor con las necesidades de cada sociedad y cada época histórica.

En aquellos países donde el desarrollo discurrió a partir de factores internos y de forma independiente, tales estructuras se amoldaron a los requerimientos y necesidades de cada país, incluso se homologaron y se homogenizaron hasta hacer posible la coordinación e incluso de unificación. Los europeos y los norteamericanos tienen las instituciones que han necesitado y querido tener. Nadie les impuso el cristianismo ni el liberalismo, el capitalismo, el socialismo y el anarquismo no llegaron importados de otro lado y nunca fueron colonias al estilo del Tercer Mundo.

En América Latina no ocurrió de ese modo. Aquí no hubo oportunidades de optar, sino que todo fue impuesto. A diferencia del pensamiento político y de las clases sociales europeas que son resultado del desarrollo, la oligarquía y todas las estructuras sociales latinoamericanas, incluyendo los estados, los partidos y las ideologías son fruto de aberraciones, anomalías e imposiciones.

Para progresar económica y políticamente, incluso para introducir elementos del socialismo, los europeos no tienen que hacer revoluciones ni guerras civiles y ni siquiera cambiar a fondo sus estructuras sociales porque todas, más o menos, corresponden a sus necesidades, son consecuentes con sus estilos de vida y responden a sus aspiraciones, cosa que no ocurre en América Latina.

Nadie en Europa clama por la reforma agraria y ni siquiera el neoliberalismo ha eliminado el poderoso sector público de la economía, no se escuchan protestas porque en muchos países las emisoras de radio y de televisión sean públicas. Mientras la enseñanza privada es virtualmente desconocida y, desde los tiempos de Carlos Marx, los capitalistas incluyen en los salarios las necesidades de las familias proletarias costeando de ese modo la reproducción de la fuerza de trabajo y nadie trepa por las paredes cuando en algún lugar el secretario general del partido comunista es electo presidente.

Por otra parte, introducir los cambios necesarios para el progreso de nuestras sociedades, no significa asumir una posición nihilista que niegue todo lo realizado y preconice la destrucción de las estructuras sociales existentes. De lo que en realidad se trata es de, en los limites de lo posible y lo racional y con los ritmos adecuados, enmendar lo que se hizo mal, en primer lugar, los atavismos que impiden el desarrollo y el progreso, obstaculizan la distribución de la riqueza social y la implantación de estándares de justicia social.

En materia de revisión estructural, de cara a los procesos de reforma social más avanzados en América Latina, son prioritarios los temas relacionados con la función del Estado, la tenencia de la tierra, la propiedad, la soberanía sobre los recursos naturales la distribución de los recursos nacionales, la justicia social, los mecanismo de participación y el desarrollo de la sociedad civil.

Lo que ha estado ocurriendo en Venezuela, Bolivia y Ecuador, respecto a la adopción de nuevas constituciones, no son más que acciones para modernizar las estructuras estatales y hacerlas contemporáneas, como mismo los referendos y las consultas populares son búsquedas para crear mecanismos de participación que le devuelvan a los pueblos el protagonismo confiscado por la oligarquía, que decretó la exclusión y la no participación como bases de un sistema político antediluviano.

Revolución en América Latina ahora es cambiar lo que deba ser cambiado, desde luego, no es poco, nadie dice que sea fácil, pero tampoco debiera generar pánico, sino todo lo contrario. El tema da para más y trataremos de avanzar.

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Olimpíadas

Eduardo Galeano


A los griegos les encantaba matarse entre sí, pero además de la guerra practicaban otros deportes.

Competían en la ciudad de Olimpia, mientras las olimpiadas ocurrían, los griegos olvidaban la guerra por un rato.

Todos desnudos: los corredores, los atletas que arrojaban la jabalina y el disco, los que saltaban, boxeaban, luchaban, galopaban o competían cantando. Ninguno llevaba zapatillas de marca, ni camisetas de moda, ni nada que no fuera la propia piel brillosa de ungüentos.

Los campeones no recibían medallas. Ganaban una corona de laurel, unas cuantas tinajas de aceite de oliva, el derecho a comer gratis durante toda la vida y el respeto y la admiración de sus vecinos.

El primer campeón, un tal Korebus, se ganaba la vida trabajando de cocinero, y a eso siguió dedicándose. En la olimpiada inaugural, él corrió más que todos sus rivales y más que los temibles vientos del norte.

Las olimpiadas eran ceremonias de identidad compartida. Haciendo deporte, esos cuerpos decían, sin palabras: Nos odiamos, nos peleamos, pero todos somos griegos. Y así fue durante mil años, hasta que el cristianismo triunfante prohibió estas paganas desnudeces que ofendían al Señor.

En las olimpiadas griegas nunca participaron las mujeres, los esclavos ni los extranjeros.

En la democracia griega, tampoco.

(Tomado del más reciente libro de Eduardo Galeano, Espejos: Una historia casi universal, publicado este año. El escritor uruguayo explica la razón de esta obra, imagen en el espejo de la Historia: «Este libro ha sido escrito para que no se vayan. En estas páginas se unen el pasado y el presente. Renacen los muertos, los anónimos tienen nombre: los hombres que alzaron los palacios y los templos de sus amos; las mujeres, ignoradas por quienes ignoran lo que temen; el sur y el oriente del mundo, despreciados por quienes desprecian lo que ignoran; los muchos mundos que el mundo contiene y esconde; los pensadores y los sentidores; los curiosos, condenados por preguntar, y los rebeldes y los perdedores y los locos lindos han sido y son la sal de la tierra».)

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martes, 12 de agosto de 2008

Ahora es mayor el respaldo a Evo

Marina Menéndez Quintero


La refundación en Bolivia ha sido validada por el pueblo.

Evo Morales no solo consiguió los votos necesarios para ser ratificado en la presidencia sino que los excedió en aproximadamente ¡diez puntos porcentuales!, según los resultados preliminares del referendo del domingo.

Fue una jornada impecable y un ejemplo de democracia que cercenó los afanes violentos y desestabilizadores de quienes querían frustrar este renovado triunfo político del líder indígena, indemne frente a los vendavales desatados en su contra.

El hecho de que la pregunta sometida al criterio del electorado interrogara si se estaba de acuerdo o no con la continuación del proceso de cambios, añade matices que ayudan a aquilatar el pronunciamiento del pueblo, y deben parar de una vez la labor saboteadora de los prefectos representantes de la minoritaria oligarquía blanca en Bolivia, instrumentos del imperio y, por ende, enemigos de los cambios: el pueblo ha vuelto a mandatar a Evo, y en número aún mayor que cuando lo eligió, para que acometa las transformaciones por las que ha luchado durante mucho tiempo. El pueblo boliviano votó, explícitamente, por la refundación, y nadie tiene derecho a desconocerlo.

La demostración de sapiencia y combatividad que han dado otra vez los de abajo, estremece. A pesar de las cortapisas y valladares antepuestos por la oligarquía para entorpecer, marcándole el paso lento a la revolución pacífica, nadie resultó desengañado en estos dos años y medio de difícil ejercicio para un gobierno asediado. Por el contrario: un mayor número de bolivianos le han reiterado el respaldo.

Tal pronunciamiento no puede ser desconocido por prefectos que, no obstante el apoyo inmensamente mayoritario dado por el electorado a Morales y a su vicepresidente García Linera, también fueron ratificados en sus puestos. Tal es el caso del soliviantador Rubén Costas, quien sigue comportándose como un caudillo en la rica Santa Cruz, así como el de sus colegas de Tarija, Pando y Beni, localidades donde no deben haber faltado las campañas sucias para que la población votara por ellos. Pero, en cualquier caso, la gente no los ratificó para que sigan obstaculizando el camino del cambio.

Evo, pertinaz en su propósito de refundar sobre la base del consenso y evitando la confrontación, una vez más, y ahora con el apoyo de alrededor del 63 por ciento de los bolivianos, los ha invitado a un diálogo donde no podrán estar el derechista Manfred Reyes Villa, revocado en Cochabamba, ni los prefectos de Oruro y La Paz, quienes tampoco lograron ratificarse en sus puestos. El derrotero principal enarbolado por el gobierno es la unidad que permita descartar, por fin, las amenazas de desestabilización y violencia.

En el escenario de un país donde no queda ninguna duda ahora sobre qué es lo que la mayoría quiere, pendiente está, en primer término, la votación en referendo de la nueva Carta Magna, donde se recogen las bases jurídicas de la refundación, así como la distribución justa de la tierra: reclamos que, junto a la ya proclamada nacionalización de los hidrocarburos, están en la agenda del pueblo desde la democión de Gonzalo Sánchez de Lozada en octubre de 2003, y constan, por eso, en la mira del proceso que lidera Evo.

Esperemos que los prefectos se acojan a esa democracia que proclaman y respeten el sentir del pueblo...

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lunes, 11 de agosto de 2008

Carne de cañón para el mercado

Reflexiones del compañero Fidel
Carne de cañón para el mercado


Tal vez algunos gobiernos desconocen los datos concretos, por eso nos pareció muy oportuno el mensaje de Raúl fijando la posición de Cuba. Abundaré en aspectos que no pueden abordarse en una declaración oficial precisa y breve.

El gobierno de Georgia no habría lanzado jamás sus fuerzas armadas contra la capital de la República Autónoma de Osetia del Sur al amanecer del 8 de agosto, para lo que denominó el restablecimiento del orden constitucional, sin la concertación previa con Bush, quien el pasado mes de abril en Bucarest comprometió su apoyo al presidente Saakashvili para el ingreso de Georgia en la OTAN, lo que equivale a un puñal afilado que se intenta clavar en el corazón de Rusia. Muchos Estados europeos que pertenecen a esa organización militar se preocupan seriamente por la manipulación irresponsable del tema de las nacionalidades, preñado de conflictos potenciales, que en la propia Gran Bretaña puede dar lugar a la desintegración del Reino Unido. Yugoslavia fue disuelta por esa vía; los esfuerzos de Tito por evitarlo fueron inútiles después de su muerte.

¿Qué necesidad había de encender el polvorín del Cáucaso? ¿Cuántas veces irá el cántaro al agua antes de romperse? Rusia sigue siendo una poderosa potencia nuclear. Posee miles de armas de ese tipo. Debo recordar que, por otro lado, la economía de Occidente extrajo ilegalmente de ese país más de 500 mil millones de dólares. Si Rusia no significa hoy el fantasma del comunismo; si ya no apuntan directamente hacia los objetivos militares y estratégicos de Europa más de 400 plataformas nucleares que fueron desmanteladas al desaparecer la URSS, ¿por qué el empeño en cercarla con un escudo nuclear? El viejo continente también necesita paz.

Las tropas rusas que se encontraban en Osetia del Sur estaban desplegadas en una misión de paz reconocida internacionalmente; no disparaban contra nadie.

¿Por qué Georgia escogió el 8 de agosto, cuando se inauguraban los Juegos Olímpicos de Beijing, para ocupar Tsjinvali, la capital de la república autónoma? Ese día cuatro mil millones de personas en todo el planeta presenciaron por televisión el maravilloso espectáculo con el que China inauguró esos juegos. Sólo el pueblo de Estados Unidos no pudo disfrutar ese día la transmisión directa y en vivo de la estimulante fiesta de amistad entre todos los pueblos del mundo que allí se escenificó. El monopolio sobre los derechos de transmisión había sido adquirido por un canal televisivo mediante el pago de 900 millones de dólares y deseaba obtener el máximo de beneficio comercial por minuto de transmisión. Las empresas competidoras tomaron desquite divulgando a esa hora las noticias de la guerra en el Cáucaso que no eran exclusivas de nadie. Los riesgos de un conflicto serio amenazaban al mundo.

Bush sí pudo disfrutar el espectáculo como invitado oficial. Todavía el domingo 10, dos días y medio después, se le veía agitando banderas, fingiendo ser adalid de la paz y preparado para deleitarse con las victorias de los magníficos atletas norteamericanos, a los que sus ojos, acostumbrados a mancillarlo todo, veían como símbolo del poder y la superioridad de su imperio. En sus ratos de ocio, mantenía largas conversaciones con los funcionarios subordinados en Washington, amenazaba a Rusia y alentaba los discursos, humillantes para ese país, del representante de los Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Algunos de los antiguos países que integraban el campo socialista o parte de la propia URSS, hoy actúan como protectorados de Estados Unidos. Sus gobiernos, impulsados por un odio irresponsable contra Rusia, como Polonia y la República Checa, se alinean en posiciones de apoyo total a Bush y al ataque sorpresivo contra Osetia del Sur por Saakashvili, un aventurero de extraña historia que, habiendo nacido bajo el socialismo en Tbilisi, capital de su país, se hizo abogado en una universidad de Kiev, realizó cursos de posgrado en Estrasburgo, Nueva York y Washington. Ejercía esa profesión en Nueva York. Se configura como un georgiano occidentalizado, ambicioso y oportunista. Regresó a su país apoyado por los yanquis y pescó en el río revuelto de la desintegración de la Unión Soviética. Es elegido Presidente de Georgia en enero de 2004.

Ese país, después de Estados Unidos y Gran Bretaña, es el que más soldados tiene en la aventura bélica de Iraq, y no lo hace precisamente por espíritu internacionalista. Cuando Cuba, a lo largo de casi dos decenios, envió cientos de miles de combatientes a luchar por la independencia y contra el colonialismo y el apartheid en África, no buscó nunca combustible, materias primas ni plusvalía; eran voluntarios. Así se forjó el acero de nuestros principios. ¿Qué hacen en Iraq los soldados georgianos sino apoyar una guerra que ha costado a ese pueblo centenares de miles de vidas y millones de damnificados? ¿Qué ideales fueron a defender allí? Es muy lógico que ciudadanos de Osetia del Sur no deseen ser enviados como soldados a combatir en Iraq u otros puntos del planeta al servicio del imperialismo.

Saakashvili por su propia cuenta jamás se habría lanzado a la aventura de enviar el ejército georgiano a Osetia del Sur, donde chocaría con las tropas rusas emplazadas allí como fuerza de paz. No se puede jugar con la guerra nuclear ni premiar el suministro de carne de cañón para el mercado.

Esta reflexión estaba elaborada, cuando Bush habló a las 5 y 30 p.m., hora de Cuba. Nada desdice lo que aquí se analiza; sólo que la guerra mediática del gobierno de Estados Unidos es hoy más intensa todavía. Es la misma maniobra prediseñada que no engaña a nadie.

Los rusos han declarado con absoluta claridad que la retirada de los invasores al punto de partida es la única solución decorosa posible. Ojalá los Juegos Olímpicos puedan continuar sin ser interrumpidos por una gravísima crisis. El partido de voleibol femenino contra un buen equipo de Estados Unidos fue fenomenal, y la pelota no ha comenzado todavía.

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domingo, 10 de agosto de 2008

Ante el referendo revocatorio del domingo 10 en Bolivia: ¿Un paso adelante o dos atrás?

Pedro de La Hoz

Dos opciones están planteadas ante el referendo revocatorio que tendrá lugar en Bolivia el próximo domingo 10 de agosto: de una parte, la continuidad del proceso de cambios que se inició a partir de la ascensión presidencial de Evo Morales hace más de dos años y medio; de otra, la regresión a las políticas neoliberales fracasadas en el pasado reciente pero que pretenden ser recicladas por los reductos de la oligarquía local en contubernio con las transnacionales y el poder imperial de Estados Unidos.

La primera halla su fundamento en la recuperación de los recursos naturales, el alcance universal de la campaña de alfabetización, la asistencia social a los ciudadanos de la tercera edad mediante la implantación de la llamada Renta Dignidad, el significativo incremento del área social de la economía productiva, la apertura de nuevos hospitales y la notable ampliación de los servicios de salud, la creación de fuentes de empleo y la promoción de justicia para los pueblos originarios, por solo citar algunos hitos del Gobierno encabezado por Evo.

Para hacer prosperar la opción contraria tendrían que responder negativamente más del 53,74 % de los electores a la pregunta: "¿Usted está de acuerdo con la continuidad del proceso de cambio liderado por el presidente Evo Morales Ayma y el vicepresidente Álvaro García Linera?", lo cual parece improbable, de acuerdo con diversas encuestas que anticipan resultados favorables a la dupla gubernamental en un orden que varía del 55 al 62%.

Además de ponderar los incuestionables logros socioeconómicos de la última etapa, muchos bolivianos están conscientes, o al menos intuyen, que la discontinuidad de la actual gestión implicaría la agudización de la brecha entre los ricos y los pobres; la restauración del dominio absoluto del capital privado; y la desprotección de amplios sectores de la población que quedarían a merced de las leyes ciegas del mercado.

Una fractura de tal naturaleza podría sumir al país en la fragmentación y la ingobernabilidad, debido a la crisis de credibilidad y liderazgo de los partidos políticos tradicionales y al fundamentalismo descentralizador de la burguesía parapetada detrás de ciertos poderes regionales, los llamados Comités Cívicos que a imagen y semejanza del existente en Santa Cruz, más que oposición, le han hecho la guerra a los movimientos sociales, a los pueblos originarios y al Presidente boliviano.

Los medios que responden a la oligarquía reaccionan ante la inminencia del escrutinio del domingo de manera diversa, aunque bajo el común denominador de llevar a las audiencias mensajes antigubernamentales. El pasado miércoles La Razón, diario de circulación nacional, publicó un editorial firmado por William Kushner donde admitía percibir "que la oposición no puede con el referendo, que se escapa a gritos de la derrota", pero a la vez introducía una nota de terror al sentenciar cómo se "ignoran las consecuencias que los resultados, en cualquier caso, pueden traer para la democracia y para el propio Gobierno".

Desde Santa Cruz, uno de los bastiones de las elites conservadoras desde donde se pretende presentar la lucha de clases bajo la falaz idea de un conflicto regional, uno de los editorialistas del diario El Deber ese mismo día escribía: "Si el Presidente fuera capaz de quedarse solo en su casa, con la ventana abierta, el viento leve de la mañana incipiente y la mesa rebosante de diarios. Si repasara cada título, cada texto, cada foto y supiera que son como el espejo que inexorablemente devuelve la realidad. Si pasara horas frente a ellos y tuviera la valentía interior de comprenderlos -de comprenderse-- y de recapacitar.

Si más tarde pudiera someterse a la tortura de los videos que le van a mostrar las imágenes duras de la TV y estallara en bronca contra sí mismo. Si revisara los últimos años de su vida y admitiera que se equivocó, que fue injusto, arbitrario, soberbio, ligero y caprichoso¼ ". Toda una obra maestra de la insidia que paradójicamente se convierte en prueba irrefutable del terrorismo mediático que se ha cernido de forma contumaz y sistemática contra el mandato de la mayoría que llevó a Evo a la primera magistratura en enero del 2006.

A todas estas no se puede obviar el papel injerencista de Estados Unidos. Días atrás, en vísperas de reunirse con el Presidente boliviano, Thomas Shannon, subsecretario de Estado de EE.UU. para América Latina dijo: "Reconocemos que Morales es el político más popular de Bolivia, pero no sabemos qué hacer para demostrarle que no queremos que su Gobierno caiga".

No pocos analistas pusieron en duda esta afirmación y la consideraron una mera finta. De hecho un día antes de que el embajador Philip Golberg se reincorporara a su puesto en La Paz en julio pasado, funcionarios de la sede diplomática se reunieron con el prefecto de Beni, Ernesto Suárez, uno de los aliados de los "cívicos" cruceños. El mismo Golberg ha sido una presencia constante en Santa Cruz, ciudad a la que viaja con inusitada frecuencia.

Mientras, Washington ha puesto en entredicho la renovación de las preferencias arancelarias a Bolivia en virtud de la lucha contra las drogas -un programa conocido por las siglas ATPDEA- y que mantiene desde hace dos años en suspenso el acceso del país sudamericano a los 600 millones de dólares de los fondos de la denominada Cuenta del Milenio, administrados por una corporación creada por el gobierno norteamericano a tenor con un acuerdo de la Cumbre de Monterrey sobre Financiamiento para el Desarrollo.

El referendo revocatorio también pondrá a prueba a los prefectos departamentales, varios de ellos partidarios del restablecimiento del modelo entreguista y neoliberal. Las encuestas conceden posibilidades de ratificación de sus mandatos a los de Potosí, Pando, Santa Cruz y Beni, y ponen en duda a los de Cochabamba, La Paz, Tarija y Oruro.

En todo caso, el día después será decisivo para despejar el futuro inmediato de un proceso que por primera vez en la historia boliviana ha apostado por la plenitud soberana y la justicia social.

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sábado, 9 de agosto de 2008

La violencia contrarrevolucionaria

Jorge Gómez Barata

La lucha de ideas es de tanta complejidad y se libra simultáneamente en escenarios tan diversos que resulta difícil abarcarlos, sobre todo cuando se trata de confrontar estereotipos instalados en la cultura y en la conciencia social; uno de ellos es la violencia que se atribuye a las revoluciones y que constituye un argumento para demonizarlas.

Quién fue violento en Chile: ¿Allende o Pinochet? Quién en la Francia de 1871: ¿los comuneros o las tropas de Versalles? Y quién en la Rusia de 1917 ¿los bolcheviques o los rusos blancos y sus cómplices extranjeros? En Cuba quién puso la violencia ¿Fidel Castro o Estados Unidos? ¿Quién bloqueó, invadió y hostilizó a quién? Quién es violento en Bolivia ¿Evo Morales o la oligarquía separatista?

Anécdotas y situaciones coyunturales aparte, en la mayoría de los grandes cambios sociales, la contrarrevolución, la reacción internacional y el imperialismo aportan la violencia mientras la revolución paga la factura.

Por tratarse de un resultado al que se arriba en las fases más avanzadas del proceso histórico, de todas las mutaciones sociales, las más pacíficas debieran los conducentes al socialismo. Carlos Marx, a quien se tiene por el más temido de todos los socialistas, lo expresó de esta manera:

"El resultado general a que llegué, puede resumirse así: en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones.El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real.a la que corresponden determinadas formas de la conciencia social.Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes.De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social."[1]

¿Dónde está en esa reflexión la violencia?

Nunca ha ocurrido que la violencia sea aportada por las fuerzas sociales que se desplazan en el sentido del progreso, que son los hombres y las mujeres de pensamiento avanzado, ponentes de la renovación y del cambio que, únicamente es genuino cuando se le acompaña con las cuotas de justicia social y democracia correspondientes.

En todos los casos, la violencia proviene de las oligarquías y de las clases sociales derrotadas, que al perder sus privilegios reaccionan de modo visceral en contra de la Nación y en defensa de sus intereses mezquinos. Los revolucionarios, los reformadores sociales y los políticos de pensamiento avanzado, suelen exponer argumentos y razones, mientras la derecha retrograda, carente de ellos, acude a la intimidación, el sabotaje y la fuerza.

A diferencia de lo ocurrido en Europa donde las instituciones y el sistema político son resultado del desarrollo económico y social y de la madurez nacional, en Latinoamérica, los procesos de evolución social, (no de revolución), nunca pudieron desplegarse normal y sucesivamente sino que fueron mediatizados por la intervención extranjera, primero durante la conquista y luego en las repúblicas sometidas a la oligarquía aliada con el imperialismo en sus versiones europea y norteamericana.

El dominio de la oligarquía sobre las repúblicas nacidas de las luchas por la independencia, un fenómeno insuficientemente estudiado, invirtió la ecuación. En lugar del hecho político provenir del desarrollo económico y social, ocurrió al revés: el desarrollo económico y social fue condicionado por el dominio político de castas conservadoras y retrogradas. Parece un galimatías y puede que lo sea pero, lo cierto es que en América Latina la contrarrevolución precedió a la revolución.

En Europa occidental, en la excepcional coyuntura histórica creada por la derrota del fascismo, las fuerzas políticas sobrevivientes, si bien restablecieron la situación anterior a la guerra, matizaron el desarrollo capitalista, absorbiendo las principales demandas obreras y aplicando políticas sociales que condujeron a situaciones enteramente nuevas, caracterizadas por la creación de los llamados "estados de bienestar". En otros países, aunque compulsada por la influencia soviética, se avanzó hacía las democracias populares, empeño frustrado por la vigencia de erróneas concepciones.

En la América Latina de hoy donde dado los altos grados de concentración de la riqueza y el poder, explotación, injusticia social, desigualdad y exclusión, las fuerzas políticas más avanzadas impulsan programas mínimos y trabajan por reivindicaciones que a los europeos deben parecerle elementales, relacionadas incluso con la supervivencia de los países y sus gentes, la oligarquía, derechista y conservadora reacciona contra ellas de modo brutal.

Tal vez ningún ejemplo sea mejor que el de Bolivia, donde un hombre honrado y bien intencionado, alejado y refractario a la violencia de cualquier tiempo y en cualquier cantidad, que tiene el valor cívico de poner su cargo a disposición de su pueblo, es acosado del modo más brutal y violento que pueda ser imaginado.

Lo que está en marcha en Bolivia, con el apoyo, el amparo y la participación de los Estados Unidos es la violencia contrarrevolucionaria. La misma que se levantó contra Cuba y contra Allende, aquella que estableció las dictaduras del Cono Sur, aplicó planes como el Cóndor e hizo la guerra sucia en Nicaragua y en Centroamérica. Los oligarcas bolivianos están sobre las armas y Evo Morales y sus defensores, gente de paz y de bien, están terriblemente solos. ¡No pasarán!, debiera ser la consigna de América.

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El suicidio expiatorio

Juan Gelman


Han vuelto al tapete público los sobres con ántrax enviados por correo que mataron a cinco personas, infectaron a 17 y aterrorizaron a EE.UU. Comenzaron a llegar el 18 de septiembre de 2001, exactamente una semana después del atentado contra las Torres Gemelas, y el caso parece cerrado: el 31 de julio se suicidó el científico Bruce E. Ivins, acusado de ser el autor de tan mortíferas misivas. Ivins trabajaba en un laboratorio del ejército de Fort Detrick como uno más de un círculo cerrado de especialistas en ántrax y, para el FBI, todos eran sospechosos. Los acosaba una y otra vez con interrogatorios amenazantes, contrainterrogatorios, pruebas de polígrafo, allanamientos y decomisos de sus computadoras. Muchos se preguntaron si no debían contratar a un abogado penalista para defenderse del hostigamiento (The Washington Post, 3-8-08).

Los medios norteamericanos presentaron a Ivins como una suerte de científico loco, un sociópata violento, un pornógrafo obseso que, además de desahogar su odio contra la sociedad, habría querido llamar la atención sobre los peligros de la guerra biológica, subestimados a su juicio. Los vecinos no opinaron lo mismo: dicen que era un hombre de familia, atento, amigable, algo tímido. Sus colegas, tampoco: “No creo que él haya sido. ‘Muéstrenme las pruebas’, le digo al FBI”, declaró Jeffrey Adamovicz, ex director de la división bacteriológica del ejército (USAMRIID, por sus siglas en inglés). Ahí está el asunto: las “pruebas” serían apenas circunstanciales (The New York Times, 4-8-08).

El FBI ya había dado muestras de su incompetencia cuando en el año 2002 filtró que el científico Steven J. Hatfill era el autor de los atentados con ántrax. No había pruebas y, tras seis años de batalla legal, el Departamento de Justicia se vio recientemente obligado a pagarle una indemnización de 5,8 millones por manchar su nombre con una falsa acusación (USA Today, 27-6-08). El ex líder de la mayoría del Senado, Tom Daschle –a cuya oficina llegó uno de los sobres asesinos–, cuestionó la seriedad de la acusación contra Ivins: “Desde el comienzo mismo tuve serias preocupaciones acerca de la calidad de la investigación (del FBI). En vista de que tuvieron que pagar a otro 5 millones de dólares por los errores que deben haber cometido, da una cierta indicación sobre el calibre y la calidad de la investigación” (wiredispatch.com, 3-8-08). Había, entonces, que encontrar rápidamente un chivo expiatorio.

Trascendidos del FBI explicaban que Ivins tenía acceso al polvo de ántrax que se obtenía en el laboratorio del ejército y/o podía prepararlo. El desmentido de sus colegas ha sido rotundo: “USAMRIID no maneja polvo de ántrax”, manifestó el científico Richard Spertzel, que trabajó con Ivins en el mismo laboratorio. “Creo que ninguno allí tiene la menor idea acerca de cómo fabricarlo. Necesitaría la oportunidad, la capacidad y la motivación, y él no tenía nada de eso” (The Washington Post). Lo cierto es que Ivins sufrió el mismo tratamiento que Hatfill: lo seguían a todas partes, lo acosaban, también a su familia, con aprietes y amenazas. Las “pruebas” contra Ivins son endebles. En cambio, hay indicios que explicarían el apuro del FBI en cerrar el caso. No sería sólo porque han transcurrido siete años desde que se produjeron los hechos y comenzó la investigación.

Algo que creaba desconcierto es que ningún patrón de conducta del asesino vinculaba a las víctimas entre sí: un par de senadores, tres medios y el “daño colateral” de varios empleados de correos. Pareciera, sin embargo, que algo tendrían en común: todos, menos los últimos, habrían sido molestos para Bush. Es una especulación acuñada hace tiempo por alguien que firmó la hipótesis con el seudónimo de “Allie” (www.newsgarden.org, 10-10-04). Véanse los elementos que tomó en cuenta.

Tom Daschle y el senador Patrick Leahy, blancos de los sobrecitos, pertenecen al Partido Demócrata y obstaculizaron la aprobación de la Ley Patriótica, que otorga a la Casa Blanca poderes casi omnímodos para recortar las libertades civiles de los estadounidenses. ¿Y el porqué de los ataques a tres medios? De la NBC puede decirse que es suavemente liberal, sólo que el notorio periodista Tom Borkaw, que convirtió al informativo de la noche de esa cadena televisiva en el de mayor audiencia de la materia, realizó la entrevista a Bill Clinton que la Casa Blanca quería vetar (archive.salon.com, 27-9-01). Libertad de prensa, que le dicen.

La razón que habría provocado los atentados contra el New York Post y el National Inquirer no sería política, como en el caso anterior: la primera publicación es claramente derechista y pertenece a Rupert Murdoch; la segunda practica el periodismo amarillo. Ambas publicaron artículos y fotos que registran las borracheras públicas de la hija de Bush, Jenna. Y la familia es la familia.

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